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La Coctelera

AMANECER

 

Al alba, el sol explotó sobre el horizonte como un madero en llamas, una luz amarilla anaranjada lo invadía todo cegando mis ojos, era como si Dios no quisiera que divisara la belleza del paisaje que ante mi se ofrecía. Tarde varios minutos en acostumbrarme a la luz que despedía esta gran bola de fuego y por un momento sufrí una ceguera que inundaba de luz abrasadora mi cerebro.

Subí a este valle hace semanas, buscando un refugio donde tranquilizar mi atribulado corazón, buscando una paz que no encontraba. Ansiaba por todos los medios aclarar un cerebro lleno de contradicciones y recuerdos pasados, quería encontrar en el silencio del bosque, ese olvido que se produce cuando todo lo has perdido o al menos eso pensaba yo. Días y días pasaron sin encontrar respuesta a mis preguntas, hasta que apareció. Al principio creí que sería un alma atribulada como la mía, alguien que de alguna manera buscaba la paz que yo tanto ansiaba, nunca más equivocado estaba de la verdad. Poco a poco, con el paso de los días y las noches, con el ansia de la persecución y el ánimo de volver a encontrarla fui siendo consciente de que era algo totalmente distinto de yo mismo,..., ella era un guía, el cual poco a poco y sin apuro ninguno fue llevándome a un sitio que aunque no me era desconocido, si casi era olvidado.

La veía de vez en cuando, y cada día que pasaba la ansiedad por volver a verla, por estar un instante a su lado se hacía más y más interesante, casi dolorosa, y aunque no sabía como sobrellevar ese sentimiento sentía, que esa dependencia abría una puerta en mi corazón que permanecía cerrada hacía mucho tiempo. No se donde me llevará el siguiente valle ni si el viento vendrá de cara, pero mientras ella siga guiando mis pasos, detrás de ella me encontrarán caminando...

¿PORQUE VOLVISTE A MI?

 

Soledad ¿porqué volviste a mi?, quién entrada te dio, se equivocó al pensar que de nuevo te establecerías entre mis muros. Muchos sentimientos se enraizaron entre estas paredes intentando socavar mi espíritu y mis fuerzas, más chocaron contra puro granito..., muchas emociones han intentado escalar estas murallas y almenas, más se estrellaron contra el suelo intentando el asedio. Muchos han perecido en el valle que rodea las murallas de mi corazón y a muchos he lanzado contra el suelo en dura lucha por no perder la razón.

He sufrido heridas que en mucho de los casos son cicatrices visibles y otras que en el mayor número de los casos son como úlceras sangrantes que persisten al día de hoy y que siguen abriéndose como canales que dan paso al agua torrencial. Otras por el contrario han enquistado formando resquicios de un pasado que ya nunca volverá , aunque es anhelado...

Monstruos se esconden en las esquinas de mi corazón como aves carroñeras a la espera del menor vestigio de flaqueza, vuelan en círculos sin cesar haciendo que el olvido sea una búsqueda constante de alivio para una guerra que nunca parece terminar.

Soledad ¿cuando fuiste convocada?, quizás regresaste con el olvido de la felicidad, ¿viniste a mi y te refugiaste buscando alivio a tus pesares o sólo querías torturar un corazón de por si desahuciado? ¿quién te abrió la puerta? Quizás mi subconsciente, te buscaba sin saberlo, te anhelaba casi sin ocultarlo y poco a poco luchaste por hacerte dueña de algo que nunca conseguirás,...., ¡mi corazón!.

NATURALEZA VIVA

 

Ella tiene nombre de invierno, el de otoño, ella viste blanca nieve y vientos del norte, él por el contrario trae tramontana del levante y sol de poniente. La primera vez que la vio ella venia del norte más lejano, viajaba desde las tierras blancas olvidadas de una civilización mezquina y gris, desde las tierras en las que la oscuridad cubre con su manto mortecino casi la totalidad del año, un año lleno de sosiego y tranquila convivencia,..., venia de un sitio donde el frio cala en todas las almas y despeja el calor del sol hacia otros meridianos. Vino con la furia de guerreros antiguos como Atila o Gengis kan, con ventiscas que mecían las copas de los árboles de un lado a otro  cubriendo con su manto blanco las ramas de todo el bosque. Paso a paso a medida que entraba en el valle arreciaba su furia para dar paso a una pausada y tranquila nevada llena de grandes copos blancos que lo cubrían todo con un manto de suave terciopelo nacarado.

El entre los árboles del bosque soportaba estoicamente el azote de aquella brisa fría y gélida como un cuchillo y dejaba que sus ramas bailaran al son de aquella música invernal de cultura celta, sus ramas de roble, castaño o pino retorcido a forma de brazos servían de cornisa para esa nieve que se amontonaba plácidamente en su pecho y enfriaba su corteza endurecida y curtida por el paso de los años.

A ella le cautivó su fortaleza, sus raíces  retorcidas que se clavaban en la tierra como espada de Arturo en pura roca de granito, le cautivaron sus ramas llenas de hojas con colores rojizos, ocres, teja y marrones y esa corteza llena de heridas y nudos de resina con olor a Lisandro y almizcle.

Como cada invierno ella llegaba, día arriba día abajo, aparecía con un cielo gris azulado o más bien plomizo, y con un frío incipiente que anunciaba las primeras nieves, él desde su bosque observaba ese cielo gris como si fuera la última vez que lo fuera a ver, y aunque sabía que desaparecería en pocos meses se deleitaba con la brisa del norte que se colaba por su copa y dejaba que el frio refrescara un tronco retorcido por los recuerdos y la experiencia de siglos.

Ya había perdido la cuenta de los años que cumpliría y de tantos y tantos sentimientos acumulados,..., pero lo que nunca olvidaron sus ramas abiertas al valle fue aquella sensación que le produjo por primera vez aquella brisa del norte que un buen día por el valle apareció.

Al primer día que ella se instalaba en el valle él la esperaba soltando sus hojas como el barco que suelta su lastre a la deriva para no volcar, dejaba a la vista  su tronco retorcido y viejo aunque fuerte y cálido a la vez para que ella refrescara un alma atormentada por la soledad y los recuerdos.

De vez en cuando, en alguna ocasión un tímido sol dejaba escapar unos tímidos rayos al mediodía haciendo presagiar ese día que ambos temían pero que llegaría al fin y al cabo, ambos sabían que cada año la partida era más dura que la anterior y aún así exprimían cada sonrisa, cada lagrima y cada instante como si le fuera la vida en ello.

Con la llegada de la primavera él vestiría su manto de flores y hojas verdes, cubriría todo su cuerpo de una belleza sin parangón, al igual que el pavo real al extender sus alas en el cortejo nupcial, la tierra de los alrededores se cubrirá de tomillo y romero, de madreselva y malvavisco, de hierbabuena y estragón, de margaritas y caléndulas, todo rezumará un perfume a naturaleza viva y llenará con su elixir todo el valle.

El beberá de ella con el deshielo y alimentará sus raíces resecas mientras que ella se irá poco a poco valle abajo como un torrente lleno de vida y frescura, surcará el collado y dará vida a todo el bosque y saciará a todo el que quiera arrimársele.  Dejará el valle tal y como vino, sin alborozos pero dejando un sabor de boca a olvido, con un hasta pronto mi amor.

El esperará con nerviosa ilusión a esa brisa fresca de invierno que la vuelva a traer al valle...

ANGEL

 

Ayer soñé que volaba, saltaba desde un acantilado que no recuerdo, de un lugar sin nombre, de un país en el que nunca estuve, sólo recuerdo que estaba atardeciendo, era uno de esos atardeceres en el que el cielo se cubre de tímidas nubes formando cirros de color rojizo, como teñidas de un incipiente maquillaje, había un color plomizo en todo el cielo que hacía contrastar el verdor del césped de debajo de mis pies y el gris oscuro del mar. Abajo, en lo profundo del acantilado se podían oír las olas del mar estrellarse como suicidas contra un muro, tronaba la espuma como cañonazos desde calavera dispuesta al abordaje y un sinfín de olas una detrás de otra repetían un movimiento como si este estuviera calculado para mellar la roca viva. Una brisa fresca del norte acariciaba mi cara dulcemente, producía pequeñas lágrimas que resbalaban en mi cara y hacían estremecer mi espíritu con paisaje tan hermoso,  sentía ante tal belleza la presencia de Dios nuestro creador y en su omnipotencia ante aquel cuadro de tan inmensa perfección. Miraba ese paisaje sin fijar la mirada en ningún punto en concreto y fui consciente de que mi mente se perdía entre nubes y viento, entre la tierra y el mar, como aquel que se deja arrastrar por la corriente a la deriva, entonces quise dejar mis temores y mis recuerdos  volar entre ese cielo tan inmenso e infinito.

Miré hacia abajo y me percaté de la altura que me separaba del suelo, un hachazo en la roca, hacía que esta se convirtiera en una arista afilada como una cuchilla esperándome a que me estrellara, levante la vista y abrí unas alas enormes en mi espalda, plumas largas blancas y grises se desplegaban por toda la estructurada alada, se distendían desde la punta hasta la falange con una luminosidad casi cegadora. Batí estas con furia como probando su posición en mi musculatura dorsal y salte como un suicida sin temor ni miedo a lo que ocurriría, me deje llevar hasta el final del acantilado con las alas replegadas a mi espalda y las abrí en el último instante elevándome con un movimiento giratorio hacía el cielo abierto, subí y subí hasta casi perder de vista la tierra firme, vi un cielo estrellado como nunca lo había divisado y me deje llevar por las bolsas de aire caliente y los vientos del sur, volaba y volaba deleitándome con la sensación de desequilibrio y libertad que produce la altura y con el sentimiento de superioridad que da sentirse un Dios. Puse a prueba mis alas en todo tipo de maniobras y me percaté de todo lo que me rodeaba con inusitada atención y me inundé de una sensación de paz y alegría solo equiparable al paisaje que divisaba. Fue en ese instante de insultante alegría cuando me desperté de ese sueño...

Me levanté y me fui al baño, me lavé la cara y me miré al espejo con lastimera sensación de impotencia, quejándome de la corta y efímera duración de un sueño tan lleno de buenos recuerdos y sentimientos y a la vez tan sumamente reales. Fue cuando volvía por el pasillo a mi habitación cuando crucé como siempre por delante del espejo que tengo colocado en el, mirando de reojo mi penoso aspecto me percaté de las grandes alas que salían de mi espalda con un fulgor luminoso sin igual, plumas blancas y grises despuntan en toda su magnificencia y levanto el rostro y con incredulidad graciosa recuerdo lo que soy, porque aunque no lo creáis a veces se me olvida.

_ Me llamo Uriel, y soy un Ángel.

ALGO QUE NO ENCUENTRO

 

Todas las tardes me siento delante del ordenador, en un sillón de piel negra con reposabrazos,  con un buen café y un purito con sabor a vainilla en mis labios. Me deleito con ese momento de paz intrínseca adornada por las bocanadas de humo que despido en cada calada y me sumerjo en la taza a cada sorbo que doy, respiro hondo, como si se me fuera la vida en cada inspiración, como si no hubiera aire suficiente en la habitación y me dejo llevar por una sensación de olvido total.

Todas las tardes me siento delante de esa pantalla como hipnotizado esperando a que, cuando habrá mi email me encuentre un mensaje de alguien conocido que me sorprenda con una nueva noticia que llene mi corazón con una sorpresa entretenida que me saque de esta monotonía, de esta soledad que me inunda. Reviso mis cuentas de correo con meticulosidad y con inusitada ansiedad, buscando en cada uno ese algo que no encuentro,..., aunque no traten de nada relevante los abro uno a uno con dedicación, como si algo se escondiera en ellos, como si de verdad trataran de algo en lo que uno debería pararse a mirar. Quiero, o al menos, espero atisbar algo que haga centrar mi atención, algo que me haga sentir por un momento necesitado para alguien, aunque sea ficticio, algo que me diga que soy importante en ese momento.

Todas las tardes me siento en mi nueva mesa de despacho delante del ordenador sintiendo esta soledad que me inunda, como río desbordado por el deshielo primaveral. Siento un frio glacial en mi corazón, y no ese frio que se siente cuando se sale en invierno a pasear cerca de la playa, cuando la brisa del mar atenaza nuestra cara con sus afilados dientes, sino ese frio que aparece cuando se nos escapa el alma, cuando el paroxismo y la sinrazón se instalan como un virus en nuestro pecho y atenaza nuestro cerebro anunciando la locura. No me hace falta mirar a los lados ni a mi espalda, ni me hace falta revisar las dependencias de mi casa para cerciorarme de mi propia y triste soledad, vaya donde vaya existe este frio que agarrota mis sentidos, el vacio ocupa todo mi universo como un agujero negro.

Navego, voy de aquí para allá como barca a la deriva por páginas y páginas de información sin pararme demasiado a leer nada concreto y me dejo perder entre las autopistas de la red con la vaga ilusión de encontrar algo verdaderamente interesante que me haga parar y fijar la atención, al menos por un mísero instante, con la ilusión de encontrar a alguien que quiera escucharme, que quiera compartir conmigo unas palabras, aunque estas no nos lleven a ningún lado.

Romper con algo que es inevitable,..., el mero hecho de estar y sentirse solo es algo aterrador. La alienación es algo que nadie debería sufrir, tal desesperanza inunda de una muerte anunciada a nuestra alma, el olvido hace que nuestro pasado nos lleve a vivir solo de recuerdos y no deje llegar un futuro que puede estar lleno de nuevos universos por explorar, pero ¿Cómo arrancarse esta soledad que siento?.

Todas las tardes me siento delante del ordenador mirando a una pantalla sin fondo, esperando algo que todavía no sé lo que es, esperando que aparezca esa nueva puerta, esa ventana a otra dimensión, a otro mundo que cambie un futuro que me es incierto, a un cambio que no llega...

Todas las tardes me siento delante de un ordenador sin vida ni color y por mucho que lo pienso, no sé porqué...

EN AQUEL CAMINO

 

En aquel camino, cuando a la encrucijada me acerqué, allí, justo en la orilla, encima de una piedra me senté. Saqué de la mochila mi pipa y en aquel momento de descanso cerré mis ojos e inspiré una bocanada, saboreando el tabaco que entraba en mi garganta,..., no sentí nada, desde hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación, no sentía nada de nada. No había tristeza ni soledad en mi corazón, sólo una paz profunda e infinita. El aire fresco de la montaña se colaba entre las copas de los árboles y mecía a estos como fantasmagóricas  bailarinas, envolvía mi cara con los perfumes a pino y arce, a belloteros y alcornocales, elixires a madreselva y Lisandro inundaban mis entrañas como si tuviera el bosque dentro de mí. Hubo un instante de paz que me atravesó el corazón como se atraviesa a una presa de caza con el venablo, como cuando el amor llama a tu puerta. Hacía tanto tiempo  que no volvía esa sensación a mi corazón, que dos lágrimas se desbocaron de mis ojos  por mis mejillas sin poderlas contener, y lloré de felicidad por un instante fugaz.

Miré hacia atrás y me percaté del largo camino recorrido, fui por un instante consciente de todos los avatares pasados, los recuerdos y pensamientos acumulados, de todos los sufrimientos y pérdidas acaecidas, y aún así no sentí dolor por ello, solamente una nostalgia abrumadora y a la vez un sentimiento de comprensión por todo lo pasado que nunca había sentido hasta ese momento.

El destino me hizo llegar hasta aquí, hasta este camino, por primera vez en muchos meses sentí en toda su nomenclatura la sensación de estar vivo de nuevo, las ganas de seguir luchando, de seguir caminando y deje de mirar hacia atrás para mirar al camino que se habría hacia el frente. Sacudí mi pipa y me levante, no me percaté de que dirección tomaba, sólo fui consciente de que retomaba el camino con retomadas fuerzas y no me importaba lo que se me presentaba en el futuro.

Mañana será otro día y amanecerá de nuevo, sólo Dios sabe lo que traerá a la orilla, la marea,...

COMO DUELE

 

Como duele fingir para olvidar,

como duele el reír

cuando lo que se quiere es llorar,

como duele vivir

si a tu puerta la muerte pide venir,

como duele gritar

si lo que uno quiere es callar,

como me duele el corazón

ahora que tú no estás;

como duele el caminar

si mis pies piden parar,

como me duele el respirar

si ahogarme quiero sin más,

como me duele el mero hecho de estar

si marcharme espero en silencio y en paz,

como me duele la vida

ahora aquí con mi soledad,

que dolor tan grande

qué pena sin par...

 

RECUERDO

 

Cuantos días te lloré sentado en el muelle,

Observando la espuma del mar

Sollozando tu amor perdido.

 

Cuantos libros leí en aquella plaza de Villamanín,

A la sombra de fresnos y abedules,

Resguardando mi soledad entre elfos y dragones.

 

Cuanta angustia y desesperanza paseé

Por las calles de mi Gijón,

Ese Gijón que tanto quiero y añoro,

Entre portal y portal soltaba mi corazón,

Dejaba mi soledad.

 

Cuantas veces subí la cuesta del Cholo,

Con la añoranza de cruzarme contigo,

Embriagarme con tu olor,

Zambullirme en tu mirada,

Naufragar entre las curvas de tus labios...

 

Cuantas veces vendí mi alma al diablo

Para no perderte,

Para que tú,  dejarme no quisieras,...

 

Me fui para olvidarte,

Me fui para no recordarte,

Me fui para no morir de desamor,...

 

La soledad en mi cuerpo sentí,

El corazón roto y la angustia del adiós.

 

En un verano te deje como recuerdo en mi corazón

Y en otoño vuelve ese recuerdo como un tizón,

Como la bala de un cañón.

 

No sé que sentir, ni que decir,

Sólo puedo recordar todo aquel amor

Que para ti en su día,

¡Dí!