MORADA
Las aguas del río desbordan las orillas marchitas,
la hierba crece arropada entre mantos de musgo.
el camino se llena de piedras y guijarros,
ese que llega hasta mi morada.
Nadie llama a la puerta de mi humilde cabaña,
la que se esconde en el valle entre montañas,
pero la puerta se abre solo con tocarla.
Las malas hierbas cubren el camino,
cuando el otoño visita mi valle…
apenas percibo el sendero
que conduce a mi morada,
crecieron a la espera del amor,
a la espera de aquella que nunca llegó.

