Tú que viniste a mí

y me robaste mi destino.

Tú, que apareciste así,

para robarme mi camino.

Tú, que carcomes mis entrañas,

mi vida y mi sentido.

Tú, que llegaste, aquí, te instalaste

y en mi corazón amarraste.

¿Porqué te quedas sino tienes

ya de que apoderarte?