¿Cuánto tiempo deberemos esperar para que vuelva a nuestros corazones, sentimientos de condescendencia, de empatía hacia el dolor de los demás, de confianza en el ser humano, de bondad, de fidelidad, de respeto mutuo, de asertividad, de altruismo, de amor por todas las cosas universales, de educación y caballerosidad, en definitiva, de felicidad por la consecución de un mundo mejor…?

¿Tal es la caverna que se ha horadado en nuestros corazones…?

¿Tal el abismo que atisban nuestros sentimientos…?

¿Tal la cárcel que encierra nuestros sentidos…?

¿Tal la oscuridad que ciega nuestro raciocinio…?

¿Tal la maldad que atenaza nuestros actos…?

Sino somos capaces de afrontar nuestra existencia individual con amor y paz interior, nunca seremos capaces de influenciar con buenos actos a esta tierra que se nos ha sido dada para disfrute y gozo del hombre.

De nosotros depende escoger el destino que queremos recorrer, y el que deseamos para nuestros hijos. Abriéndonos a la luz celestial o sumergiéndonos en la profundidad del abismo.